Opinión

¿Ciencia versus política?: la moratoria de transgénicos en el Perú y la importancia de mantenerla

A finales de 2011, el Gobierno Peruano promulgó la Ley N° 29811, denominada “Ley que establece la moratoria al ingreso y producción de Organismos Vivos Modificados (OVM) al territorio nacional por un período de 10 años”. Es decir, el impedimento parcial de ingreso al país de los también llamados transgénicos, luego de un amplio proceso de discusión en el Congreso de la República sobre sus beneficios y riesgos, y varias idas y vueltas en el Ejecutivo (antes que acabara su gobierno, Alan García observó la norma y luego fue promulgada por Ollanta Humala). Desde entonces, el Ministerio del Ambiente viene liderando la implementación de la Ley y llevando a cabo todas las medidas necesarias, como generar las líneas de base de la agrobiodiversidad potencialmente afectada, identificar centros de origen de especies, definir el procedimiento de vigilancia y supervisión al ingreso de OVM, entre otras.

Casi diez años después, la discusión vuelve al debate público -en realidad nunca se fue- enfocada en mantener la moratoria, en un escenario en el que han “aparecido” diversos mitos, como suele suceder últimamente con todo interés de mantener o mejorar la regulación ambiental, como el Acuerdo de Escazú. Existen muchas preguntas, pero corresponde hacernos las correctas: ¿debemos seguir limitando el acceso a transgénicos o estamos preparados para recibirlos sin que impacte en nuestra diversidad genética?

Entendamos, en primer lugar, qué es un transgénico. Según el Ministerio del Ambiente, es “un organismo vivo que tiene una nueva combinación de material genético que ha sido obtenido mediante la aplicación de la biotecnología moderna”. La ciencia es capaz de insertar el gen de un ser vivo (vegetales, humanos, incluso virus o bacterias) a otro distinto. Esto sucede con vegetales, como el maíz, que recibe genes de -por ejemplo- una bacteria para ayudar a que éste tenga mayor resistencia frente a plagas, al producir su propio insecticida. Parece una maravilla, ¿verdad? Pues, el problema aparece cuando nos enfocamos en los usos de este producto de la biotecnología, ya que la ciencia es utilizada para fines comerciales, a veces perversos.

Perú cuenta con un Centro Nacional de Recursos Genéticos de la Agrobiodiversidad, que permite investigar y conservar 200,000 muestras de plantas y animales. Fuente: Andina.

Los paquetes tecnológicos ofrecidos por grandes transnacionales del sector agrícola, tales como Bayer-Monsanto, Syngenta, DuPont y otras, para transgénicos de maíz, trigo, algodón y otros productos clave en la agricultura global se presentan como una alternativa para garantizar la productividad, cosa que no es tan cierta, y generan dependencia de éstos. Nos encontramos con una realidad compleja, ya que al ser una creación con patentes y registros, éstas generan vicios. Existen casos de demandas abusivas por “uso no autorizado” de semillas, producto de la contaminación cruzada por polinización natural proveniente de cultivos transgénicos cercanos.

Aún no hay certezas sobre  el impacto de los transgénicos en la salud de los ecosistemas y de los seres humanos (ya que se convierten en alimentos). Por ello, existen al menos tres instrumentos a nivel internacional que tratan el tema (Convenio de Diversidad Biológica, el Protocolo de Cartagena y el Protocolo de Nagoya) que plantean medidas de carácter precautorio hasta que se tenga mayor claridad sobre el tema. En este contexto, los lobbies a favor de transgénicos, haciendo uso de recursos corporativos, financian convenientes estudios científicos que puedan resultar afines a sus intereses (la ciencia también se mueve por el dinero). Además, ese lobby también se mueve en la política, bloqueando iniciativas de regulación y políticas a nivel nacional sobre bioseguridad que limitan el desarrollo de mercados de transgénicos.

El Perú es reconocido por ser un país megadiverso, en plantas y animales, e incluye una riqueza en recursos genéticos. ¿Qué significa esto? Contamos con una gran variedad de especies de papa, ajíes, maíz, frutas o plantas medicinales. Esto nos lleva a ser reconocidos como uno de los centros mundiales de recursos genéticos y una reserva alimenticia importante para el planeta. Además, esto se traduce en una fuente de trabajo y recursos, ya que representa un porcentaje importante de nuestras exportaciones nacionales, con productos de calidad, cumpliendo estándares internacionales y bajo el sello de orgánico, en varios casos.

Nuestro país, en el marco de la moratoria, no está exento a la discusión y plantea su propio toque. Los agricultores organizados, algunos gremios empresariales y los abanderados de la gastronomía  (¡sí, los chefs!), junto con ONGs y funcionarios públicos del sector ambiente muestran posturas favorables a la moratoria (una mezcla poco habitual), mientras que científicos, algunos felices de recibir financiamiento privado pro-transgénicos, promotores de la agricultura “moderna”, empresarios de la biotecnología y funcionarios del sector agricultura se muestran en contra. Este es un choque de titanes que se extiende al debate parlamentario de hoy.

En 2011, Gastón Acurio brindó una conferencia de prensa para presentar su posición sobre la moratoria de transgénicos. Fuente: YouTube.

Recientemente, se ha promovido una ampliación de la moratoria hasta el año 2035 y varias voces a favor y en contra comienzan a salir en medios de comunicación, explicando sus razones. Lo que los parlamentarios no deben perder de vista es el valor diferencial que tienen nuestros productos en el exterior al ser libres de transgénicos, ya que la etiqueta orgánica y GMO-free hoy en día es más requerida por consumidores responsables, que cada vez en el mundo somos más. Por otro lado, tenemos la responsabilidad de garantizar al máximo que nuestra agrobiodiversidad no se vea afectada. Creo que, justamente, la moratoria busca generar capacidades para que los transgénicos puedan ingresar al país en algún momento de manera ordenada. No se intenta bloquear el desarrollo tecnológico, si es que favorece y beneficia a todos.

En el año que el Programa Mundial de Alimentos recibe el Premio Nobel de la Paz y al celebrar el Día Mundial de la Alimentación, preguntémonos cuál es el rol que puede seguir cumpliendo el Perú para la seguridad alimentaria del planeta y frenar el hambre, que ya cumplió con la papa, por ejemplo. Resulta valioso pensar en nuestra soberanía alimentaria y la gestión sostenible de nuestra diversidad biológica, una de las principales razones para sentirnos orgullosos de haber nacido aquí. Quizá la cura de la próxima enfermedad con potencial pandémico pueda estar más cerca de lo que creemos.

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