Opinión

El Acuerdo de Escazú: una cuestión de derechos

En 2018, diversos países de América Latina y el Caribe suscribieron el Acuerdo Regional sobre Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales, denominado “Acuerdo de Escazú”, un tratado internacional con el objetivo de “garantizar la implementación plena y efectiva (…) de los derechos de acceso a la información ambiental, participación en los procesos de toma de decisiones ambientales y acceso a la justicia en asuntos ambientales”. Recientemente, se han desatado álgidos debates (virtuales, por ahora) entre quiénes están a favor y aquellos que se oponen al Acuerdo. Esto representa un capítulo más de la lucha ideológica entre defensores del progresismo (ambiental) y el conservadurismo económico, que apuesta por la desregulación y el progreso basado en el extractivismo.

Este tratado resulta positivo para países como el Perú, cuya biodiversidad en especies y ecosistemas es amplia, ya que fortalece una participación vasta, informada y representativa de la ciudadanía (jóvenes, pueblos indígenas, otras organizaciones sociales) en asuntos ambientales, con voz en el proceso de toma de decisiones sobre el aprovechamiento de sus recursos y la gestión del territorio. Es decir, en caso de que algún gobierno promueva acciones (legislación, políticas, proyectos) que podrían afectar el medio ambiente y el entorno, la población podrá expresar su punto de vista libremente, en el marco de espacios y mecanismos con carácter oficial, procurando evitar así conflictos socioambientales.

Pero, ¿a qué se debe tanta preocupación respecto a este Acuerdo? Considero que es una cuestión de derechos. Desde siempre, las sociedades viven en constantes disputas respecto al reconocimiento de derechos humanos, fundamentales para la dignidad humana y la vida plena. Están documentadas las luchas por derechos civiles y políticos, principalmente defendidos por minorías o grupos excluídos -afrodescendientes, mujeres- frente a aquellos que consideran un privilegio (social, étnico, por género) la participación en la vida pública, la política y la toma de decisiones.

“Lo que hay detrás de la oposición a este Acuerdo es una pugna por determinar quiénes deben ser reconocidos o no por el Estado como actores legítimos en la gestión del territorio.”

Los llamados derechos de tercera y cuarta generación, como el Derecho de los Pueblos, a un ambiente saludable o para las generaciones futuras, son los que se encuentran hoy en permanente discusión. Sin embargo, éstos no serán posibles si es que antes no garantizamos aquellos derechos que considerábamos para todos dentro del contrato social vigente: participación, información o acceso a la justicia en un contexto democrático. Se entiende, y así lo entendieron los países firmantes, que el Acuerdo de Escazú es un instrumento para asegurarlo en democracias frágiles como las nuestras, con instituciones por consolidar. Por tanto, lo que hay detrás de la oposición a este Acuerdo es una pugna por determinar quiénes deben ser reconocidos o no por el Estado como actores legítimos en la gestión del territorio.

Un elemento de discordia en este tratado es la protección jurídica de los llamados defensores ambientales, personas que cumplen una labor de cuidado del medio ambiente  (recomiendo ver la definición en el mismo Acuerdo). El principal argumento en contra es que no se puede generar una protección especial, ya que rompe con el principio de igualdad ante la ley, generando un trato especial a estos ciudadanos. ¿Desde cuándo proteger al vulnerable resulta un privilegio? Solo en 2019, 212 activistas ambientales fueron asesinados por el cumplimiento de su labor. ¿Qué garantías tiene alguien que tiene todas para perder (su vida, el juicio en su contra), frente a las decenas de abogados de Estudios “reconocidos” que representan intereses corporativos, muchas veces aliados con voces dentro de los gobiernos?

No existe tal cosa como la pérdida de soberanía de la Amazonía. Forma parte del conjunto de fake news, que cada vez es más recurrente en nuestras redes sociales o portales de noticias, difundidos con el único fin de mantener las cosas como están. Usando falacias o medias verdades, quieren evitar que el público vea el problema central: el territorio amazónico es fuente de recursos y riqueza que, al final, no favorecen al poblador amazónico que vive en las ciudades, el bosquesino, o quienes forman parte de Pueblos Indígenas. Lo cierto es que las regiones de la selva viven permanentemente en la pobreza, la falta de oportunidades y el acceso a servicios. Siempre a cargo de ellos. Es su culpa, dijeron. La verdad es que no se quiere escuchar, no se quieren atender las necesidades de manera integral. Solo somos una fuente de recursos, basta con lo poco que nos dan (canon, incentivos tributarios, fideicomisos).

No se trata de una lucha entre “buenos” y “malos”, ya que nos podemos encontrar con diversas situaciones en las que cualquiera de las partes puede actuar de manera intransigente. Lo importante es que la justicia actúe con imparcialidad y que se cuenten con los mecanismos necesarios para un trato equitativo para ambas. Hoy en día, cientos de niños y jóvenes se movilizan pidiendo a su gobierno nacional o local que cumpla con cuidar el ambiente y que se generen cambios, muchas veces incómodos para las generaciones adultas. ¿Permitiría que su hija o hijo sean maltratados, pese a actuar dentro del marco de la ley?

Es necesario no perder la perspectiva: no siempre lo legal -inclusive constitucional- es lo correcto. Los derechos no son estáticos, van evolucionando con el tiempo y las necesidades humanas. Aquellos que se oponen a generar mayores y mejores derechos no sólo están pensando en sí mismos, sus privilegios o sus intereses, están cegados por el velo de un presente o un pasado en el que el control de la vida está en sus manos. Debemos hacer un buen uso del poder y reflexionar permanentemente sobre cuáles son los desafíos de las nuevas generaciones y cómo podemos contribuir a que su calidad de vida sea, al menos, ligeramente mejor que las nuestras. Pronto, ese control estará con ellos. Entonces, ¿De qué lado de la historia prefieres estar?

Foto de portada: OXFAM.

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