Opinión

Crecimiento poblacional y cambio climático: hacia una planificación familiar y del territorio

El 11 de julio se conmemoró el Día Mundial de la Población. Con esta fecha, conocemos la importancia del derecho a la planificación familiar, el acceso a información y educación sexual integral de calidad, en virtud de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para un futuro próximo.

El Día Mundial de la Población se instauró en 1989, a partir de la decisión del Consejo de Administración del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). En ese entonces, las estadísticas mostraban que el número de habitantes en el planeta creció hasta los cinco mil millones, por lo que se entendió que era fundamental tomar conciencia sobre la densidad demográfica, esto repercute en cuestiones sociales y económicas como la pobreza y la equidad de género, así como en temas ambientales, impactando en la relación de la humanidad con el entorno natural.

Fuente: BBC/UNFPA

Quisiera resaltar la urgencia de comprender la relación intrínseca entre temas poblacionales con el cambio climático. A medida que la población aumenta, se requiere garantizar un mayor acceso a servicios público básicos; por lo tanto, si crece desmedidamente, será más difícil conseguir que todos puedan contar con salud, vivienda, alimentos y energía. La crisis climática contribuirá a ampliar esta brecha. La idea es erradicar la pobreza y desigualdad en el mundo y, al mismo tiempo, trabajar en políticas para alcanzar niveles de vida sostenibles, aunque hoy éstas son obstaculizadas por la expansión urbana no planificada y el flujo migratorio que aumenta año tras año. Parece ser un círculo vicioso.

El aumento desmedido de la población no es un tema reciente, viene desde la revolución industrial en el siglo XIX. En este punto de inflexión, el número de habitantes comenzó a crecer de forma exponencial, las pequeñas revoluciones que acompañaron a la industria (médica, tecnológica, entre otras) permitieron que exista progreso en varios aspectos de la vida: producción de alimentos, mejores técnicas agrícolas, descenso de tasa de mortalidad. Sin embargo, con la aparente sobre-población, parecía que la situación se complicaría.

Esto fue abordado por Thomas Malthus en su “Ensayo sobre el principio de la población”, en el que propuso una teoría sobre el crecimiento de la población (de forma geométrica), y la cantidad de recursos para satisfacer sus necesidades (en progresión aritmética). Indicó que, cuando no hubiese suficientes recursos para abastecer a la cantidad de habitantes en el mundo, se produciría una catástrofe, ya sean hambrunas o guerras. Si bien la tecnología para la agricultura y la ganadería ha evolucionado y evitado una crisis de magnitud malthusiana, el problema central hoy es la distribución desigual de alimentos y el desperdicio, por lo que el hambre en el mundo persiste.

El llamado “Techo Malthusiano” en la relación alimentos – población. Fuente: Ricardo Benlloch.

Con la sobrepoblación en algunas zonas del planeta, nos encontramos en un continuo agotamiento de los recursos naturales renovables (que nos proveen alimentos) y no renovables (que proveen bienes y commodities), y el consumo desmedido que incrementa periódicamente. Estas tensiones logran un efecto negativo en el medio ambiente: con el uso de combustibles fósiles se incrementa la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), se presentan más casos de escasez de agua, se pierde la biodiversidad, etc. Las consecuencias en la naturaleza son notables.

Diversos científicos mencionan que habrá mayor conflictividad por recursos naturales como el agua, lo que ocasionará desórdenes sociales y muchas personas no podrán cubrir sus necesidades, ya que el coste de vida aumentará. Por lo general, vemos conflictos para controlar los diversos recursos disponibles, o momentos en los que la naturaleza (quizás con cierta manipulación de la humanidad) responde a “la invasión humana”, con desastres naturales, epidemias y más, buscando equilibrar la situación. Para evitarlo, tenemos herramientas disponibles que nos permiten mejorar nuestro vínculo con el entorno.

A inicios del año, en el evento “Ciudades del futuro”, se habló sobre la importancia de la gestión sostenible de las ciudades, por medio de la planificación. Nunca se mencionó, a pesar de las excelentes propuestas, la necesidad de ver el tema poblacional. Esto, a mi parecer, es obligatorio, porque para hablar sobre sostenibilidad en las ciudades, es preciso debatir primero sobre la cantidad de personas que hay en ellas y así tener un mejor panorama con el que se pueda trabajar, propiciando la educación sexual integral y la planificación familiar como soporte y primeros pasos en los procesos de gestión. Es básicamente impulsar una cultura cívica orientada a promover valores sociales y de sostenibilidad de manera conjunta.

En temas ambientales y climáticos, lo primordial es la educación. Si avanzamos desde las humanidades, las comunicaciones y la política, deberíamos trabajar en el uso de la información (evidencia) para tomar mejores decisiones, aplicarla desde nuestras profesiones y llevarla a las múltiples audiencias, de la manera más sencilla posible. Unido a esto, si avanzamos desde las juventudes, trabajemos en temas de gobernanza y levantemos las voces para incidir en la creación de políticas públicas más justas. Como ciudadanía, empecemos a trabajar en un mejor desarrollo de nuestra relación con el entorno: gestionar mejor los desechos, reducir el uso de plástico, cooperar en reducir los índices de contaminación, cuidar los diversos ecosistemas y participar activamente en todo cuanto podamos.

La educación y vínculo con el entorno como herramientas de transformación. Fuente: Plaza Capital.

Insisto que la educación es la mejor herramienta. Con ella conseguiremos los escenarios más optimistas. ¿Estamos conscientes de eso? Tener acceso a cuánto necesitamos para subsistir es un derecho, pero también es un derecho trabajar por el espacio que compartimos. Debemos reflexionar, intentar cambiar nuestras visiones del mundo y saber que a partir de la planificación, en sus diferentes expresiones (territorial, familiar, estatal, entre otras), la calidad de vida puede mejorar.

Tengamos en cuenta que estamos en un tiempo decisivo, no solo por la pandemia, sino por lo que viene luego. ¿Cómo enfrentarlo? ¿Cómo estar preparados? ¿Cómo contribuir? La última es la mejor pregunta que podemos hacernos, y la podemos responder actuando. Solo así construiremos el desarrollo sostenible que buscamos.

*Imagen de portada: elblogverde.com

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