Ficción/No Ficción Opinión

Un futuro de contaminación ambiental e infertilidad: Breve análisis del mundo distópico de “El cuento de la criada”

Es cierto que la contaminación ambiental es un problema que nos aqueja, y conforme avanza el tiempo, empeora. Actualmente, se buscan implementar políticas ambientales propicias para el entorno; por otro lado, concientizar a la sociedad para hacer frente a la crisis ambiental-climática. Se proponen iniciativas, proyectos y, algo que me interesa, formas de reflexión para comprender la magnitud de la situación, y no aterrizar en futuros en los que el impacto del cambio climático es irreversible.

No es cuestión de ahondar en escenarios aterradores, pero sí pensar a partir de estos en cómo podemos mejorar, adaptar nuestro estilo de vida en uno que sea más sostenible, además de repensar en nuestra capacidad de resiliencia frente al entorno natural. Asimismo, es preciso incidir en una adecuada y necesaria educación ambiental, convertirnos en responsables del deterioro del planeta, mitigar el cambio climático y hacer eficaz la participación ciudadana para que lo anterior funcione.

En esta ocasión, analizaré brevemente un futuro propuesto en una novela de ficción especulativa, titulada El cuento de la criada. La autora del libro, Margaret Atwood, construye un mundo distópico, situado en un futuro -puede que lejano o bastante cercano- en el que el planeta sucumbe en una crisis de infertilidad. Si bien la premisa de la historia abarca la dominación y esclavitud de las mujeres en una sociedad totalitaria, patriarcal, fundamentalista y teocrática denominada “República de Gilead”, no me enfocaré en cómo funciona este gobierno o cómo hace frente a la caída de la tasa de nacimientos en el mundo, sino qué tan cierto puede ser un escenario como este debido a la contaminación ambiental.

Tanto el libro como la serie producida por Hulu mencionan que la potente contaminación durante décadas afectó la salud reproductiva de las mujeres. La serie hace mayor énfasis en este punto. Por su parte, el libro tiene algunas visiones sobre lo que ocurrió antes del ascenso de los Hijos de Jacob en el gobierno estadounidense, aunque difusas, y se centra en la vida de la protagonista, Defred (Offred, en la versión inglesa).

El mundo está en debacle, la contaminación ha llegado a niveles insuperables, hay muchas pérdidas de embarazo, incremento de la tasa de mortalidad neonatal y bebés que nacen con malformaciones. En un capítulo de la serie, la Tía Lydia educa a las próximas criadas (previo a ser enviadas a las casas de los comandantes) sobre el funesto destino de la humanidad y cómo ellas son las elegidas, por la “gracia divina”, para traer milagros al mundo.

Viéndose desde aspectos académicos sobre distopías, el régimen de Gilead cambia la estructura de la vida social, con el propósito de crear un nuevo país que se diferencie de los demás y así otras naciones, que también están aparentemente en crisis por razones climáticas y sociales, sigan su ejemplo. Por más que se cometan crímenes de lesa humanidad y se siga al pie de la letra el Antiguo Testamento, esta sociedad es vendida como una utopía.

En Gilead hay embarazos, nacimientos, tierras fértiles, alimentos sanos y una casi excelente calidad del aire. Esto implica para el régimen, como estado de excepción normalizado, suprimir muchas libertades personales. La realidad de ese futuro es caótica y desesperanzadora. Estamos, de pronto, en un momento en que los factibles nacimientos, niños y niñas que vienen al mundo sin ningún problema, son bienes preciados para quienes se vuelven infertiles.

En un artículo de revisión del Departamento de Biología Celular y Tisular de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se enumeran los factores que deteriorarían la salud reproductiva de la mujer. No solo refiere al estilo de vida de las personas, la edad, hábitos, costumbres, obesidad, maternidad tardía, estrés o tabaquismo, como elementos que no favorecen la reproducción, ya sea a través de dinámicas sociales o alteraciones en la ovulación, sino también la contaminación atmosférica.

Es así que unos de los causantes de este daño serían, por ejemplo, los combustibles fósiles y su propagación indiscriminada por medio de actividades tan cotidianas como el uso de automóviles. En el artículo se sostiene que “las mujeres que permanecen más tiempo expuestas al aire contaminado de las ciudades son más susceptibles a presentar trastornos reproductivos, como abortos espontáneos e infertilidad” (Bizarro-Nevares et al, 2018).

Además, está el nivel de toxicidad en el aire y, por consiguiente, en el organismo, debido a ciertos contaminantes como los plaguicidas (organoclorinados, que provocan la disrupción endocrina); los derivados de combustibles fósiles, tales como los hidrocarburos aromáticos policíclicos (que modifican la producción de hormonas sexuales y el desarrollo de folículos ováricos); los óxidos de azufre y de nitrógeno, que dañan al embrión y el feto; metales potencialmente tóxicos producto de la actividad industrial y quema de combustibles, como el cadmio, que provoca alteraciones morfológicas en el endometrio (Bizarro-Nevares et al, 2018); y el plomo, que afecta al sistema respiratorio y nervioso.

De igual modo, se menciona al material particulado, como las Partículas Suspendidas Totales (PST), clasificadas por su diámetro aerodinámico de hasta 10 micrómetros (PM10), y las menores a 2,5 micrómetros (PM2.5), siendo estas últimas las más peligrosas, puesto que llegan a los alvéolos pulmonares y al torrente sanguíneo (Bizarro-Nevares et al, 2018). A su vez, modifican la producción y secreción de hormonas sexuales (Bizarro-Nevares et al, 2018). Todo esto, señala el artículo, se debe al “lugar de residencia”, ya que se puede estar muy cerca de estos compuestos tóxicos en zonas industriales o urbanas, lo que afectaría en primera instancia el ciclo menstrual, y, en caso de estar embarazada, interrumpir el tiempo de gestación para, finalmente, perder al bebé.

Vemos que probablemente, en el mundo al borde del colapso de “El cuento de la criada”, habrían ocurrido estos detalles. La solución, ahora que estamos a tiempo (y lo estaremos por un buen rato hasta que tomemos conciencia), tal como menciona el artículo, es trabajar en leyes y políticas para la protección de la población y en lo que pueda significar positivo para el ambiente. Margaret Atwood coloca en la ficción el ascenso de una estrategia desgarradora y totalitaria que destruye todos los valores modernos y suprime la libertad de las mujeres.

Al estado de excepción de Gilead le interesa recuperar el mundo, pero lo hacen con los métodos incorrectos. Muchas naciones se preguntan si valdría la pena replicar el modo de vida de esa sociedad, y quedan pasmados al ver que hay nuevos nacimientos, mientras que en otros lugares, los bebés están muriendo. En el capítulo 6 de la primera temporada de la serie, una embajadora mexicana (en contexto de una delegación de comercio), visita Gilead para intentar comprender el status quo de la sociedad y llegar a acuerdos a fin de reanudar las alianzas entre países.

En una reunión con los esposos Waterford, la embajadora comenta los desafíos del mundo, cómo sobreviven a la crisis alimentaria y la baja tasa de nacimientos. Luego, cuestiona a Serena Joy, esposa del comandante Waterford, si se había imaginado una sociedad en la que la mujer es sometida al mandato y control del hombre. De inmediato, Serena contesta: “esta es una sociedad que ha reducido sus emisiones de carbono en un 78%”, a lo que la embajadora interrumpe: “una sociedad en la que las mujeres ya no pueden leer”.

Es claro que en Gilead, el feroz control y dominio sobre la mujer no se compara con los aspectos positivos que ha logrado el país en pos de la recuperación ambiental y lo que eso conlleva, incluido los nacimientos. O, en todo caso, está prohibido compararlo (a sabiendas de un inminente castigo), y son forzadas a ver los sacrificios que hacen para tener un lugar mejor. Es una sociedad deshumanizada y lo ambiental es sólo parte de la propaganda.

En conclusión, Margaret Atwood sitúa estas dos visiones de una sola realidad. Lo que se hace y lo que se ha dejado de hacer, lo permitido y lo sancionado, y las actitudes segregadoras y violentas de una sociedad. Si bien en algún momento la autora aclaró que no estamos formal y completamente en Gilead, hay características de ese mundo que aparecen en los tiempos contemporáneos, y que nos hacen pensar de qué manera nos dirigimos para que el futuro no sea una pesadilla orwelliana, tal como “El cuento de la criada”, en la que el fin justifica los medios.

Cabe destacar que una crisis de infertilidad como resultado de la contaminación ambiental no es un incidente descabellado, ni propio de la ficción. Un problema de esa magnitud puede ocasionar disturbios en las naciones del presente y el futuro. Es importante subrayar que el cambio climático es una preocupación real, al que no le ponemos la atención y el empeño desde nuestras pequeñas (y a veces creemos hasta insignificantes) acciones, para mitigar sus consecuencias.

No somos conscientes de los efectos colaterales de no enfrentar el cambio climático hoy, que podrían ser hasta políticos. Debemos comenzar a manejar con un mejor enfoque nuestras acciones de resiliencia, y saber que, en principio, a través de la reflexión, tendremos un nuevo panorama de los hechos. Es una transformación que parte esencialmente de lo individual y resonará en un plano social más amplio. Tengamos en cuenta que es un desafío, podemos superar esos baches si nos mantenemos en el compromiso.


Bibliografía

Bizarro-Nevares, P; et al (2018) Estilo de vida, contaminación atmosférica y problemas que afectan la salud reproductiva en la mujer. Revista de la Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma de México. 61. 7-15. Recuperado de: https://www.researchgate.net/publication/328092736_Estilo_de_vida_contaminacion_atmosferica_y_problemas_que_afectan_la_salud_reproductiva_en_la_mujer

Atwood, M. (1985) El cuento de la criada. Barcelona, España: Ediciones Salamandra.


Ilustración de portada: Anna y Elenna Balbusso

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