Ficción/No Ficción Opinión

La historia de un posible futuro: reseña de Wall-E

Hay una película a la cual siempre remito cuando escribo sobre ficción y temas ecológicos, ambientales o de cambio climático. Creo que es una fábula, de las pocas que hay, que nos muestra de una forma simple nuestro comportamiento actual con el entorno. En Wall-E, dirigida por Andrew Stanton (director de Buscando a Nemo y guionista de las películas de Toy Story), se presenta un futuro alternativo en el que los humanos han abandonado la Tierra, ya que se ha vuelto inhabitable.

Andrew Stanton cuenta historias desde diversos personajes no humanos, como animales, muñecos, y en el caso de Wall-E, robots. Las premisas abordan temas como la amistad, la familia, el amor y la resiliencia. En todo caso, Wall-E encarna todos estos puntos, a partir de una narración cautivadora que revela cómo nuestra negligencia acabó con el mundo.

En el siglo 29, la Tierra está cubierta de basura. Esto se debe al continuo desenfreno del consumo humano; incluso se puede ver en la primera escena: un planeta surgiendo sin color, acompañado por la canción Put on your Sunday clothes, de Michael Crawford, como un ingreso a la chatarra en medio del cosmos: “Out there, there’s a world…  Out there…”. Después vemos parajes desérticos, una atmósfera llena de polvo y tierra, y lo que parece una ciudad sobresalir entre los vientos amarillos. El aire está con altos niveles de toxicidad, lo que no permite la vida en el planeta.

Sin embargo, la rutina de Wall- E (Waste Allocation Load Lifter – Earth class) sigue su curso. Es un diminuto robot que se traslada entre los escombros, recoge basura, la apila y regresa a su casa. Siempre pone música, es una manera de afrontar la soledad, quizás esperando que alguien aparezca. Se hace amigo de una cucaracha, que la sigue por cualquier lado. De pronto, un día, aterriza una nave espacial y deja un robot sonda llamada EVA (Evaluador de Vegetación Alienígena), de la que se enamora. EVA tiene una misión: verificar si hay señales de vegetación en el planeta para que los humanos puedan regresar.

Para eso, Wall-E había descubierto algo increíble: una planta viva. La refugia en una bota, pero cuando EVA encuentra la planta, se coloca en modo espera, guarda el preciado objeto en su interior y la misma nave que la trajo, regresa para llevársela a la colonia de humanos a mucha distancia de la Tierra. Wall-E no pierde la oportunidad y se cuela en la nave.

Una vez que llegan a la nave humana, el “Axioma”, propiedad de la corporación “Buy N Large”, Wall-E se emociona al encontrar verdaderas personas, aunque gordas, sedentarias, que se trasladan en deslizadores/máquinas que atienden sus necesidades. Han perdido masa ósea debido a la micro-gravedad, ya que han pasado muchos siglos en el espacio (alrededor de 700 años). Estamos en una nueva sociedad, repleta de tecnología y con unos humanos que han quedado sumidos en un profundo trance de comodidad y simpleza en sus vidas.

¿Cómo resolverá Wall-E el problema en el que se ha metido? ¿Lograrán entregar la planta viva al centro de control de la nave Axioma? La aventura toma un lado rebelde, puesto que son las máquinas las que cambiarán el estado de una población que ha pasado largas épocas aguardando por una buena noticia para retornar y re-colonizar el planeta.

Quizás estemos mirando al espacio como si fuera el último lugar para la sobrevivencia. Hemos lanzado sondas y verificado si podemos vivir en otros planetas. Y, pese a que hasta ahora se prometen hacer viajes turísticos, la vida que tenemos la hacemos aquí, en un lugar que progresivamente lo maltratamos y no nos damos cuenta de ello. En Wall-E, una corporación traslada a los humanos al espacio mientras limpian la Tierra, pero los potentes índices de contaminación hacen que la vida ya no sea sustentable, por lo que se esfuman dejando atrás restos de destrucción e intransigencia.

Si bien puedo tomar como ejemplo esta película para un mejor desarrollo de la resiliencia humana frente a la naturaleza, es interesante abarcar también otras metáforas: la probable villanía de las inteligencias artificiales (como el control automático de la nave Axioma, que hace un perfecto guiño a la supercomputadora HAL-9000 de 2001: Odisea del espacio); y el nuevo estilo de vida ilusoria, a su vez una búsqueda del placer, que adoptan los humanos como esclavos de la tecnología. A partir de eso, se puede generar varias interrogantes: ¿Qué nos hace humanos? ¿Cuál es nuestro lugar en la naturaleza? ¿Cómo nos comportamos con ella?

Desde luego, este lado crítico de las historias de ciencia ficción, que presentan futuros probables con peculiares destinos en la vida, nos hace pensar en las relaciones humanas y lo frágiles que somos frente a la rapidez del mundo moderno. Dioses falsos, corporaciones mentirosas, deleites inmediatos, en Wall-E se concentran múltiples críticas no solo al capitalismo (lo que es curioso, tal vez una auto-crítica por lo que proviene de una multimillonaria compañía como Disney); sino también a ciertas responsabilidades que deberíamos asumir en la lucha contra el cambio climático: consumo, contaminación, depredación.

Básicamente, hay un lado humano que se pierde, se olvida. La pregunta es: ¿volverá a ser lo mismo? El final de la película propone que sí, pero con algunas variantes. En la realidad, no debemos esperar tantos siglos para despertar de un sueño, una pesadilla, o la inacción frente al problema que nos compete solucionar.


Puedes ver Wall-E en Movistar Play.

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