Ficción/No Ficción

Lecturas eco-críticas 1: terror nuclear, naturaleza y equilibro en Godzilla

La forma en la que está escrito el artículo es una novedad en Clima Miradas. A través de este experimento, que tiene toques de una historia de ficción, buscamos reseñar a Godzilla con una lectura eco-crítica, presentado en la novela gráfica de 2014 “Godzilla: Despertar”; y en las películas de 2014 y 2019.

“La arrogancia del hombre es pensar que controlamos la naturaleza, cuando es todo lo contrario”

-Ishiro Serizawa

Es marzo de 1954, estoy cerca al Atolón Bikini. El coronel dice que lanzarán la bomba más grande, nada comparado a lo de hace casi diez años. Ésta es más potente, más larga, más feroz, va a aniquilar lo que estemos buscando destruir. La criatura apareció durante más de cinco años, algunos la han estado siguiendo, pero por fin estaremos a su alcance. Nadie escucha a Serizawa, se encuentra deambulando en la cubierta, viendo el horizonte. Es el único que está en contra de la decisión del coronel, cree que el monstruo con forma de reptil es benigno y solo intenta reestablecer un balance. ¿Qué sucedería si tiene razón?

De todas formas, el coronel no lo escuchó, solo lanzó la palabra “atomícenlo”: es el salvoconducto de la desesperación y las nuevas estrategias militares. Cuando todo acabe, debemos mantenerlo en secreto. Los que están en la misión han jurado no contar absolutamente nada a nadie. Estaremos vigilados, incluso los tripulantes del barco. La contención del monstruo es primordial y no debe salir de estos sitios tan exóticos, paradisíacos y cristalinos. A veces tengo miedo de que la situación fuese al revés, felizmente Gojira está lejos de la civilización.

Le llaman así, una conjunción de palabras japonesas. No me acuerdo muy bien de los términos, es parte fundamental de la leyenda de estos lugares. El equipo Monarch ha estado rastreando las pistas de un MUTO diferente a Gojira, uno más tenebroso. A decir verdad, juzgando las pocas veces que lo he visto, tenía más la apariencia de una mancha viscosa que surcaba el cielo. Por alguna de sus extremidades surgía una boca con varios colmillos negros. Serizawa le dice “Shinomura”; es un parásito, efectivamente.

Godzilla versus Shinomura, en “Godzilla: Despertar” (Legendary Comics, 2014)

Sin embargo, no sé si estamos haciendo lo correcto. Digo “estamos” porque me siento parte del asunto, un problema mayor. Intentamos extinguir a una criatura que ha estado escondida por demasiadas épocas. Serizawa mencionaba que Gojira era incluso más antiguo, junto con el parásito Shinomura, y vivían en un tiempo en el que la Tierra era muy radiactiva. Su eterna batalla es parte de un ciclo natural, Gojira era el agente del equilibro. Lo sigue siendo, quizás. En ese entonces, la naturaleza dependía de estos dos animales, gigantescos, imponentes, y se alimentaban de la radiación. Luego, con la caída de un asteroide, el nivel radiactivo en la atmósfera disminuyó y los monstruos tuvieron que buscar la fuente de su alimento por otros lugares. Se escondieron bajo tierra y bajo los océanos, cerca al núcleo del mundo. Permanecieron allí durmiendo, nada los perturbaba.


Es agosto de 1945. No recuerdo mucho de ese día, salvo por lo que me contaba mi padre. Yo tenía nueve años. Creo que ese fue el momento en que rompimos el equilibrio y despertamos a las criaturas. Hemos alterado el curso natural, nos hemos adueñado del mundo, el futuro y las vidas. Nos hemos vuelto más arrogantes, creemos poder controlarlo todo, en cada rincón. Nos convertimos en los enemigos de la naturaleza, solo que no nos damos cuenta. ¿Por qué hacemos eso? ¿Por qué insistimos en hacerlo?

El ataque arrasó con dos ciudades, los que sobrevivieron quedaron con los rezagos del estallido, la radiación los iría matando, sus efectos son abominables. Esto quedó en la memoria colectiva, los rasguños del terror, los efectos colaterales de una pandemia de caos. Nadie sabía lo de las criaturas. Gojira, en otras miradas, podría ser la representación de la bomba atómica. Un símbolo del miedo y el trauma, una alegoría del poder armamentístico. Es lo que me pongo a pensar, creo que es cierto. En un momento, el reptil escamoso, con la cola de un saurópodo, era la imagen de la ansiedad, y no había más que sucumbir ante ella. Lo seguimos haciendo, en cierta forma.

La criatura radiactiva, famosa en el mundo oriental, es el paso decisivo en la era atómica. No sabíamos, entonces, que habíamos despertado tremendas fuerzas naturales. Primero, fue el miedo; luego, la realidad. Me atreví a preguntarle al doctor Serizawa qué era lo que pensaba, aunque solía estar ocupado con sus notas o hablando con sus compañeros científicos. En sus ojos brillaba la curiosidad de saber más sobre Gojira, a pesar que la sombra del Shinomura era lo que más atemorizaba a los norteamericanos. Yo creo que es el equilibro natural en forma física, nuestro planeta les pertenece, a lo mejor no sabíamos tender el puente entre lo que somos y lo que nos rodea. No sabemos cómo lograr la armonía, solo la levantamos entre fuego, humo y escombros. Se revela, más adelante, como una naturaleza contaminada, y así continúa. No la podemos tocar ahora que agoniza.


Es marzo de 1954. Gojira se dirige al Atolón Bikini. Los militares tienen órdenes precisas: evacuar a las poblaciones nativas y reubicarlos. Es difícil lograrlo, no entienden por qué hacemos esto. Después, aceptan la evacuación y los trasladan al Atolón Rongerik, a 200 kilómetros al este. Los militares dicen “Es por el bien de la humanidad”. A lo mejor era parte del inicio de ese bien, o de repente el fin inmediato. Sea como fuere, Godzilla no sobreviviría. Tal vez estábamos haciendo frente, como villanos, al mundo natural y lo despedazamos sin darnos cuenta.

Nunca nos dimos cuenta, aún así lo hicimos. Pude ver al monstruo cuando se irguió en el espacio deshabitado de Bikini, rugiendo al cielo en el que aguardaba su presa, el Shinomura; su lucha iba a ser para reestablecer la calma. Supe que Serizawa tenía razón, pero el poder destructivo de Godzilla podría amenazar a toda la vida humana en cualquier parte del mundo. Me pregunto si nosotros éramos mejores lanzando la bomba. ¿Qué lográbamos?

La respuesta es sencilla, solo demostrar que teníamos el progreso tecnológico, que podíamos dominar lo que fuese y que no había peligro natural o artificial que interviniera; que las guerras acabarían y no habría adversario más letal que intentara manifestarse. ¡Qué equivocados estábamos al pensar eso! Ahora es 2014, el problema no se ha resuelto, nada ha mejorado, seguimos siendo los mismos insensibles, irresponsables y violentos. El planeta nos ha declarado una guerra con el clima, seguimos comportándonos como los dioses, atentando contra el mundo natural de diversas maneras. Contaminamos, extinguimos, olvidamos.

¿Acaso somos mejores que la naturaleza? No sabemos mantener el equilibrio, debemos aprender. Cuando vi el estallido, en 1954, mi cuerpo tembló, los vellos de mis brazos se erizaron y una luz se encendió en el horizonte, un chispazo que aún hoy no me permite ver nítidamente. Siempre brillará. Luego, el calor sofocante y una lluvia que duró horas. Tuvimos que refugiarnos hasta saber que el exterior se encontraba limpio. Esta fue la payasada de Castle Bravo, al gobierno se le fue de las manos. ¿Matamos a la Gojira? No, por supuesto, solo lo sepultamos y seguimos el camino del desorden. Todo está cargado de radiactividad por ahí. Es dañino poner un pie en la zona.


Es abril de 2014. Recuerdo las palabras del doctor Serizawa: “Señora, viene una terrible tormenta. Mucho peor que cualquier tormenta que el mar haya traído antes, pues esta tormenta no la causa la naturaleza, sino el hombre, y no solo destruye y arrasa todo consigo. Deja un veneno que permanece y arruina la tierra de por vida”. Es muy cierto, lo arruinamos, somos las verdaderas bestias. Godzilla no ha muerto, acaba de salir en la isla de Hawaii, enfrentándose a un monstruo que se despertó en Japón, de nuevo, por una intensa actividad radiactiva. ¿Algo más?

Ya no es un terror, por un momento lo imaginé así. Este dinosaurio milenario, que se refugia en un lecho muy antiguo, oscuro y caliente, lleno de radiación, ya no es el miedo de las pruebas atómicas y el colosal poder tecnológico. Es una fuerza natural que busca la armonía, cuando debemos hacerlo nosotros. Godzilla tiene esos instantes concretos, como si fuera el salvador ambiental que necesitamos ser. Es curioso que un monstruo lo haga por nosotros. Es el rey.

No obstante, hay personas radicales que creen que el planeta debe ser entregado a la hegemonía de los monstruos. Sigo pensando que es una salvajada, pero argumentan que no hacemos nada por la sostenibilidad del planeta. Esto plantea un debate, ¿somos nosotros o ellos los verdaderos peligros para la Tierra? ¿Somos nosotros o la naturaleza? Las fuerzas que van más allá de nuestro control nos perseguirán, nos someterán, eso es claro, porque no podemos alzarnos como los amos del mundo, haciendo y deshaciendo, creando y destruyendo.

¿Somos importantes para nuestro hogar? Este equipo, que opera en la clandestinidad, hará algo terrible y veremos cómo la humanidad colapsa. No creo en sus excusas, son devastadoras. Creo, firmemente, que podemos cambiar, coexistir y mejorar. Ellos no, solo quieren desaparecernos. Lo harán, sin ninguna duda, porque no han visto lo que yo ese día en el Atolón, han visto cosas peores.


Es mayo de 2019. El plan ha comenzado, no podemos detenerlos. Están yendo por los puntos estratégicos para llamar a los titanes. Los monstruos responden. No quiero pensar qué ocurrirá luego, si Godzilla los combatirá por nuestra redención o se unirá a ellos. En tiempos de desastres naturales, contaminación ambiental, cambio climático y antipatía con el entorno, estos eco-terroristas piensan que la solución será dejar libres a las criaturas, con la idea de que la vida resurgirá.

Ghidorah llamando a los otros titanes en “Godzilla: El rey de los Monstruos” (Legendary Pictures, 2019)

No estaremos nosotros, solo ellos. Yo creo en la restauración, en la posibilidad de resiliencia. Godzilla es la representación de eso, es como un activista ambiental, un militante climático que intenta erigir el orden cuando todo parece desbordarse. Ahora, ya no sé. Hay un monstruo alado, un dragón con tres cabezas, que circula con una tormenta eléctrica. Se posa en la cima de un volcán. Estira sus largas alas de murciélago, lanza un aullido que se extiende hasta los confines del mundo.

Referencias:

Borenstein, M. y Borenstein, G. (2014) Godzilla: Despertar. Estados Unidos: Legendary Comics.

Banno, Y., Parent, M., Tull, T. (productores) y Edwards, G (director). (2014) Godzilla [Cinta cinematográfica] EU y Japón.: Legendary Pictures y Warner Bros.

Parent, M., García, Á., Rogers, B., Tull, T. (productores) y Dougherty, M. (director). (2019) Godzilla: el rey de los monstruos [Cinta cinematográfica]. EU.: Legendary Pictures y Warner Bros.

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