Estilo de vida

A propósito del coronavirus: hablemos de salud y cambio climático

El año pasado, el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) publicó un informe especial sobre los impactos del calentamiento global si el planeta llegara a superar los 1.5 grados centígrados respecto a los niveles preindustriales, en el que se puso énfasis en los efectos para la salud humana. Esto implica un incremento en la tasa de mortalidad producto de la contaminación, las olas de calor o la aparición de nuevas enfermedades. Bajo ese contexto, estamos viviendo una situación de emergencia que nos obliga a aislarnos, en la expansión acelerada del coronavirus (COVID-19). ¿Qué relación tiene este virus con el cambio climático? ¿Qué desafíos plantea el cambio climático a la salud pública? En este artículo trataré de responder a esas preguntas.

Cambio climático y salud

Como sabemos (o quizá no), existe un consenso de la mayoría de científicos que afirma la existencia de un cambio climático de origen antropogénico. En otros términos, debido a la actividad humana, a partir de sus actividades económicas y/o industriales: producción de combustibles, agricultura, deforestación, entre otras, que favorecen la emisión de gases de efecto invernadero, principalmente dióxido de carbono (CO2). Este fenómeno, producido por la alteración de la temperatura de la atmósfera en nuestro planeta que parte del efecto invernadero, viene acompañado por una serie de consecuencias en nuestro entorno y en la calidad de vida y salud de las personas.

De acuerdo a la investigación de Malagón-Rojas, Garrote-Wilches y Castilla-Bello (2017), los efectos del cambio climático sobre la salud humana se pueden clasificar en tres. Respecto a los primarios, “son aquellos que causan un impacto físico sobre el bienestar de los individuos”, como los vinculados a las migraciones; mientras que los secundarios “provienen de las alteraciones generadas en la ecología de los vectores, parásitos y hospederos”. Finalmente, los terciarios se refieren a la “intersección del clima, política y ecosistemas”, como los desplazamientos forzados, muertes por conflictos, entre otros[1].

Los efectos secundarios se dan cuando la variación climática altera y magnifica la presencia de enfermedades transmitidas por los llamados “vectores” (agentes patógenos como los parásitos, mosquitos y moscas, algunas aves o roedores). En este grupo se encuentran las enfermedades tropicales, como el dengue, la chikungunya o la malaria. También están el cólera, la leptospirosis y la leishmaniasis. Este grupo representa actualmente el 17% de las enfermedades infecciosas y causan más de 700 mil muertes al año. Un ejemplo del potencial de incremento se dio durante la aparición del fenómeno del niño en la primera mitad de la década pasada, momento en el que se vio un crecimiento de la malaria o el dengue a niveles superiores del 30% (con el caso extremo de Sri-Lanka, que llegó a la increíble cifra de 400%)[2].

Virus del ébola, mosquito del dengue, mosquito de la malaria y virus del coronavirus. Fuente: 20minutos.es

También encontramos un aumento en los procesos alérgicos, que actualmente afectan a más del 40% de la población[3]. Los reportes señalan que se observará una mayor recurrencia de cuadros de asma o rinitis por la mayor concentración de contaminantes, pero también por la mayor presencia de polen en el ambiente. De acuerdo al artículo publicado por Charles Schmidt en 2016, la presencia de mayores niveles de CO2 en un contexto de temperaturas elevadas favorecerá la fabricación de mayores cantidades de polen en las plantas y, por tanto, tendrá mayor presencia en el ambiente, con efectos negativos hacia las personas alérgicas a este elemento[4].

Otros asuntos están relacionados a la salud mental, desde la eco-ansiedad hasta los efectos, causado por las medidas restrictivas como las cuarentenas que hoy vivimos. En 2018, se presentó un estudio sobre los efectos en la salud mental gracias al incremento de las temperaturas en Estados Unidos y México, en el que se halla una relación entre la elevación de las tasas de suicidio en aquellos lugares donde existe un incremento mensual promedio de 1ºC de temperatura. Esto proyecta el aumento de los valores en el futuro debido la variabilidad climática, que podría ser entre 9 y 40 mil casos adicionales[5].

¿Coronavirus generado por el cambio climático?

De acuerdo a la Organización Mundial de la salud (OMS), el COVID-19 es, como su nombre dice, un virus que pertenece a “una amplia familia que pueden causar diversas afecciones desde un resfriado común hasta enfermedades más graves”, como el MERS-CoV, que ocasiona el síndrome respiratorio de Oriente Medio, o el SRAS-CoV, origen del síndrome respiratorio agudo severo. Sin embargo, esta nueva “cepa” (que es cómo se le llama al origen) no se había encontrado antes en seres humanos[6].

¿Tiene que ver este contexto con el cambio climático? En una reciente entrevista, el doctor Aaron Bernstein, director del Centro por el Clima, la Salud y el Ambiente Global de la Universidad de Harvard, señaló que la primera mirada tiene que dirigirse a la reciente escalada de enfermedades infecciosas por la histórica relación entre las personas y animales: “Estamos cambiando la forma en cómo nos relacionamos con otras especies en la tierra y eso importa cuando hablamos de nuestro riesgo de contraer infecciones”. Es decir, a causa de prácticas que involucran especies exóticas y silvestres (tráfico de fauna, alimentación, entre otras) como murciélagos o el pangolín, pero también las actividades económicas que impactan al ecosistema y destruyen hábitats, varias de ellas vinculadas a la deforestación, la agricultura o la industria fósil, lo que facilita la migración de especies y diseminación de patógenos.

Dr. Aaron Bernstein, pediatra y director del Centro por el Clima, la Salud y el Ambiente Global de Harvard.

En este caso, el cambio climático no es el ejecutor central del coronavirus, aunque podría influir en la vulnerabilidad por déficit inmunológico (defensas bajas) por la contaminación del aire, por ejemplo. El doctor Bernstein sostiene que existe una gran cantidad de estudios que demuestran que la contaminación por materia particulada en el aire intensificaría el riesgo de las personas de contraer enfermedades bacteriales y virales que tienen relación con la neumonía, como el coronavirus.

Políticas de salud y cambio climático

Para la comisión Lancet en Salud y Cambio Climático, resulta indispensable contar con respuestas de política pública que garanticen altos estándares de salud pública en todo el mundo en la lucha contra el cambio climático: “Muchas de las medidas de mitigación y adaptación son opciones ‘sin arrepentimiento’, que llevan a reducciones directas en la carga de la mala salud, contribuyen a mejorar la capacidad de recuperación de la comunidad, alivian la pobreza y abordan la inequidad global”. Estas medidas logran reducir las presiones en los presupuestos de salud, generan ahorro y permiten inversiones en “sistemas de salud más fuertes y resilientes”.

La comisión generó cuatro recomendaciones importantes a los gobiernos, en materia de políticas de salud y cambio climático[7]:

1) Invertir en investigación, monitoreo y vigilancia del cambio climático y la salud pública para asegurar una mejor comprensión de las necesidades de adaptación y los potenciales co-beneficios en la salud a partir de la mitigación climática a nivel local y nacional.

2) El financiamiento a escala para sistemas de salud resistentes al clima en todo el mundo. Los países donantes tienen la responsabilidad de apoyar medidas que reduzcan los impactos del cambio climático sobre el bienestar humano y brindar soporte a medidas de adaptación. Esto debe permitir el fortalecimiento de los sistemas de salud en los países de bajos y medianos ingresos y así reducir el impacto ambiental de la atención médica.

3) La protección de la salud cardiovascular y respiratoria que garantice la eliminación rápida del carbón como parte de la reserva energética global. Muchas de las 2200 plantas a carbón propuestas para su construcción a nivel mundial dañará la salud a menos que sean reemplazadas por alternativas de energía más limpia. Como parte de la transición hacia energías renovables, habrá un prudente papel de transición para el gas natural. Se propone la eliminación del carbón como parte de un paquete de políticas decisivas y tempranas que se enfocan en la contaminación del aire de los sectores de transporte, agricultura y energía, y apuntan a reducir la carga sanitaria de la materia particulada (especialmente PM2.5) y contaminantes climáticos de corta duración, lo que genera ganancias inmediatas para la sociedad en términos de salud.

4) Fomentar una transición a ciudades que apoyen y promuevan estilos de vida saludables para el individuo y el planeta. Pasos para lograr esto, se debe incluir el desarrollo de edificios de alta eficiencia energética; con facilidad de transporte activo de bajo costo; y mayor acceso a espacios verdes.


[1] Malagón-Rojas, J., Garrote-Wilches, C., Castilla-Bello, P. (2017). Cambio climático y salud humana: una revisión desde la perspectiva colombiana. En Salud Uninorte, vol. 33: pp. 224-241.

[2] Useros, J. (2012). El cambio climático y sus efectos sobre la salud humana. En Anales de la Real Academia de la Medicina y Cirugía de Valladolid, vol. 51: pp. 23-54.

[3] De acuerdo al “Libro Blanco de la Alergia”: https://www.worldallergy.org/UserFiles/file/WWBOA_Executive-Summary_Spanish.pdf

[4] Schmidt, C. (2016).  Polen Overload: Seasonal Allergies in a Changing Climate. En Environmental Health Perspectives, vol. 124, nro. 4. Recuperado de: https://ehp.niehs.nih.gov/doi/full/10.1289/ehp.124-A70.

[5] Burke, M., González, F., Baylis, P. et al. Higher temperatures increase suicide rates in the United States and Mexico. Nature Clim Change 8, 723–729 (2018). https://doi.org/10.1038/s41558-018-0222-x

[6] Tópicos del Coronavirus: https://www.who.int/es/health-topics/coronavirus

[7] Para ver documento completo: https://discovery.ucl.ac.uk/id/eprint/1479102/1/Colbourn_final%20commission%20-%20word.pdf

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