COP20

De la Cumbre de la Tierra hacia la COP20 en Lima

cop

Por: Maria Cristina Urrutia Villanueva*

La historia de cambio climático y los seres humanos no comienza en 1992, pero sí es este el año en que por primera vez los seres humanos llegan a un acuerdo internacional que reconoce la gravedad del problema. En ese año durante la cumbre de la tierra en Rio de Janeiro, se firma la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC o por sus siglas en inglés, UNFCCC).

La CMNUCC consta de 26 artículos y tiene como objetivo lograr “(…) la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático. Ese nivel debería lograrse en un plazo suficiente para permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, asegurar que la producción de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga de manera sostenible.”(Artículo 2). Para lograr este tan importante objetivo además cuenta con 5 principios (Artículo 3, ver tabla 1) los cuales deberían servir como guías en el proceso de las negociaciones. Asimismo, bajo el Artículo 7 establece a la Conferencia de las partes (COP) como su órgano supremo encargado de “examinar regularmente la aplicación de la Convención y de todo instrumento jurídico conexo que adopte la Conferencia de las Partes”. Las COPs generalmente se realizan a fin de año, en noviembre o en diciembre, y reúnen a representantes de los países partes a la Convención, la sociedad civil y la industria. Cada año un país es responsable de organizar la COP en cooperación con la secretaría de la Convención, cuya sede es Bonn (Alemania).

Además, la Convención establece dos órganos subsidiarios permanentes con mandatos claramente definidos. El Órgano Subsidiario de Asesoramiento Científico y Tecnológico (SBSTA) trata los niveles de emisión, la implementación del mecanismo de REDD y las emisiones de usos de la tierra, cambio de uso de la tierra y silvicultura (UTCUTS). El Órgano Subsidiario de Ejecución (SBI) se encarga de la evaluación y el cumplimiento efectivo de la convención. Actualmente el SBI también está tratando el tema de “daños y pérdidas” ocasionados por el cambio climático. Es importante saber que dependiendo del caso, la COP establece órganos subsidiaros temporales con mandatos para dar soluciones a problemas puntuales. Los dos mecanismos principales para tratar el cambio climático son la mitigación y la adaptación. La mitigación se refiere a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y a mejorar la capacidad de los sumideros de carbono. El otro mecanismo trata la adaptación a los ya inevitables impactos del cambio climático.

Otro elemento muy importante de la convención es el Anexo 1, en el que se lista a los países miembros industrializados de la convención que actualmente son 43.[1] Los 154 países no listados bajo el Anexo 1 son los países en desarrollo.[2] Estos pueden unirse voluntariamente al Anexo 1 al mejorar sus condiciones, tal como lo hizo Turquía en el 2002. La diferencia crucial es que los países del Anexo 1 se comprometen a reducir sus niveles de emisiones de gases de efecto invernadero, por razones captadas en el principio 1 de la convención: más responsabilidad histórica y más capacidad respectiva para lidiar con la reducción de emisiones.

Hasta ahí bien, pero el lector atento se habrá dado cuenta que todavía no está establecido cómo es que los países del Anexo 1 van a reducir los emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y es ahí donde el Protocolo de Kyoto aparece en la historia. Durante la primera COP, realizada en Berlín en 1995, se decidió elaborar un acuerdo que sea legalmente vinculante y establezca los respectivos mecanismos para lograr las reducciones de GEI. En 1997, durante la COP de ese año se adoptó el Protocolo de Kyoto en el que se establecían metas de reducción para cada país del Anexo 1 y tres mecanismos flexibles de reducción (Comercio de derechos de emisión, implementación conjunta, mecanismo de desarrollo limpio). El Protocolo entró en vigor en el 2005 y al ratificar el Protocolo, los países se comprometían a incluir lo que especifica en su legislación nacional. Estados Unidos como es bien sabido, nunca ratificó el Protocolo de Kyoto. Además el primer período de vigencia del Protocolo venció en el 2012.

Pero la historia no termina ahí. Ya en el 2007 durante la COP13 de Bali se decidió iniciar el proceso de negociaciones para contar con un mecanismo sucesor que debió haber sido adoptado en el 2009. Lamentablemente durante la COP de ese año en Copenhague no se logró llegar a un acuerdo y casi se dio por fracasado el proceso de las negociaciones internacionales para combatir el cambio climático. Pero en los años siguientes mediante los acuerdos de Cancún (2010) y las decisiones tomadas en Durban (2011) y Doha (2012), se llegó a extender la vigencia del Protocolo de Kyoto del 2013 al 2020. En Durban además se estableció la Plataforma de Durban para la Acción Mejorada (ADP); un órgano subsidiario a la COP con el mandato de negociar hasta el 2015 un acuerdo sucesor. Sin embargo no todos los países ratificaron una segunda fase (Canadá, Japón, Rusia) y las nuevas metas de reducciones establecidas no son lo suficientemente ambiciosas para lograr el objetivo de la Convención.

Hasta ahora los países del mundo están fallando en su misión de evitar las interferencias peligrosas con el sistema climático. No ha habido reducciones en el nivel de emisiones de GEI y las noticias que llegan de la COP19 en Varsovia (11.11 al 22.11.2013) son alarmantes. Por ejemplo no se llega a un acuerdo en el tema de daños y pérdidas, todavía no hay suficientes fondos para el fondo verde climático y Japón ha anunciado que quiere aumentar sus emisiones en un 3.1% hasta el 2020. Pero el ADP todavía tiene dos COPs para lograr que las partes lleguen a un nuevo acuerdo y la COP20 será en Lima el próximo año. Esperemos que ese sea el momento para darle la vuelta a la historia y de encaminarnos hacia un nuevo acuerdo internacional que sea justo, ambicioso y legalmente vinculante para todas las partes.

*Artículo escrito para la Asociación Civil Internacia de estudiantes de relaciones internacionales de la PUCP (21/11/2013). María Cristina Urrutia  es bióloga por la Julius Maximilians Universität Würzburg, Alemania y actualmente realiza una maestría en Global Change Management en la Universidad para el Desarrollo sostenible de Eberswalde, Alemania. En el marco de esa maestría está realizando prácticas profesionales en Cooperación Alemana – GIZ, en el proyecto “Iniciativa Trinacional: Fortalecimiento de los sistemas de áreas naturales protegidas de Colombia, Ecuador y Perú”.

[1] La Unión Europea es considerada en su totalidad como una parte a la Convención.

[2] Palestina y Sudan del Sur tienen el estado de observadores.

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